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 Los terrenos sobre los que se asienta el pueblo de Caño Castilla, ubicado en el norte de Costa Rica, serán subastados el próximo jueves en el juzgado civil de Ciudad Quesada, en el cantón de San Carlos, provincia de Alajuela, ante la sorpresa de sus 200 vecinos. 

El pueblo saldrá a pública subasta para saldar una deuda de 25 millones de colones (35.958 euros) que Pocosolito --sociedad anónima propietaria de estos terrenos-- contrajo con un empresario local, apellidado Chavarría.
De acuerdo con la información del Registro Nacional, la sociedad tiene como presidente a Willian Crone, como secretario a John Hull y como tesorero a Howard Lewis, todos ellos ciudadanos estadounidenses que abandonaron el país centroamericano hace años.
John Hull ha sido acusado en numerosas ocasiones de ejercer como el principal contacto entre la Central de Inteligencia Americana (CIA) y la llamada 'Contrarrevolución' nicaragüense que operaba en Costa Rica, para frenar la expansión del ideario sandinista.
El paquete de subasta comprende las 300 hectáreas sobre las que se levantan las viviendas, el colegio, la ermita y el campo de fútbol, construido en 1997 con subvenciones estatales y los recursos de sus habitantes.
Además, en estos momentos se está llevando a cabo la construcción de un acueducto, financiado por el Instituto Constarricense de Acueductos y Alcantarillados y por la Embajada de España, según recoge la emisora ADN.
La noticia ha sorprendido a los residentes de Caño Castilla, que estaban convencidos de que los terrenos eran de propiedad pública. "La sorpresa fue algo más que desagradable. Nos sentimos muy mal ya que cuando entramos a esta zona lo único que había era montaña cerrada", ha dicho José Luis Rodríguez, un parcelero de 58 años.
"Siempre creímos que eran terrenos que el Estado tenía abandonados. No sabíamos que los hubiera reclamado una gente que ni conocemos", ha añadido Rodríguez, propietario de 32 hectáreas de terreno en este pueblo.
Todos los vecinos se reunieron el domingo en el colegio para buscar una alternativa a la subasta, aunque son conscientes de sus posibilidades de éxito. "No tenemos ni un colón para pagar nosotros la deuda que nunca adquirimos y así salvar nuestras propiedades. Nuestros cultivos son los que nos dan de comer", ha explicado María Reyes Torres, parcelera de 70 años.
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